Redacción
18 de setiembre de 2026
Mark Carney defendió ante el Parlamento Europeo una relación estratégica más profunda con Europa después de que Ursula von der Leyen propusiera convertir a Canadá en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea. Donald Trump respondió amenazando con imponer fuertes aranceles al bloque si considera el acercamiento un acto hostil.
Estrasburgo, 17 de septiembre de 2026.— Canadá y la Unión Europea avanzan hacia una relación económica, tecnológica y de seguridad considerablemente más estrecha, en un movimiento que está generando nuevas tensiones con Estados Unidos. El primer ministro canadiense, Mark Carney, defendió este jueves ante el Parlamento Europeo una mayor cooperación entre Canadá y Europa para proteger sus mercados, democracias y soberanía en un sistema internacional crecientemente condicionado por Estados Unidos y China, según informó Reuters.
La intervención de Carney se produjo un día después de que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, planteara una iniciativa sin precedentes: abrir la puerta para que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea. La propuesta forma parte de una futura “Alianza para el Futuro” destinada a profundizar la cooperación bilateral en industria, tecnología, defensa, energía, minerales críticos, inteligencia artificial y seguridad económica, de acuerdo con el discurso oficial de von der Leyen sobre el Estado de la Unión.
El concepto de “miembro asociado”, sin embargo, todavía no constituye una categoría formal de pertenencia a la UE ni implica que Canadá vaya a convertirse en un Estado miembro. La propuesta deberá ser desarrollada jurídicamente y necesitaría el respaldo de los países de la Unión. Diplomáticos europeos citados por Reuters señalaron además que el planteamiento todavía genera dudas dentro del propio bloque.
Carney evitó adoptar directamente la expresión “miembro asociado”, aunque respaldó la ambición de la iniciativa y afirmó que el contenido del futuro acuerdo será más importante que su denominación. Entre las áreas en las que Canadá busca profundizar su cooperación con Europa mencionó minerales críticos, capacidad industrial de defensa, inteligencia artificial, computación, energía, espacio, pagos y comercio digital, según la cobertura de su discurso en Estrasburgo.
El acercamiento provocó una reacción inmediata del presidente estadounidense, Donald Trump, quien advirtió que podría imponer importantes sanciones comerciales a Europa si interpreta la nueva relación con Canadá como una acción hostil hacia Estados Unidos. Trump señaló que podría aplicar “aranceles muy serios” e incluso restringir determinados intercambios comerciales con el bloque europeo si la iniciativa avanza en una dirección que Washington considere perjudicial.
La Comisión Europea respondió que el proyecto no está dirigido contra ningún tercer país. Su portavoz Olof Gill sostuvo que el objetivo es fortalecer conjuntamente a Europa y Canadá. Carney, por su parte, defendió el derecho canadiense a decidir autónomamente con qué países establece acuerdos internacionales. Reuters recoge las declaraciones de ambas partes y la respuesta canadiense a las amenazas estadounidenses.
El movimiento también tiene una clara dimensión militar. Canadá solicitó formalmente incorporarse a la Joint Expeditionary Force (JEF), una coalición militar de respuesta rápida encabezada por Reino Unido e integrada actualmente por diez países miembros de la OTAN del norte de Europa. La decisión forma parte de los esfuerzos de Ottawa por ampliar sus vínculos militares europeos y diversificar unas relaciones de defensa tradicionalmente muy dependientes de Estados Unidos, según informó Reuters el 16 de septiembre.
El acercamiento entre Ottawa y Bruselas apunta así a una transformación más amplia de las relaciones transatlánticas. Canadá busca ampliar su margen de acción mediante vínculos económicos y militares más profundos con Europa, mientras la Unión Europea intenta reforzar su autonomía estratégica y construir alianzas adicionales en sectores considerados esenciales para su seguridad y competitividad.
La definición concreta del eventual estatus canadiense sigue abierta. Lo que ya resulta evidente es que la propuesta ha convertido la relación Canadá–Unión Europea–Estados Unidos en uno de los nuevos puntos de tensión dentro del reordenamiento político y económico occidental.

