Redacción | 19 de septiembre de 2026
Canadá y la Unión Europea han dado un paso político significativo hacia la creación de una relación institucional inédita, descrita por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, como la posibilidad de convertir a Canadá en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea. Sin embargo, Canadá todavía no se ha incorporado jurídicamente a la UE bajo esa categoría y el nuevo estatus aún debe ser definido, negociado y aprobado.
La distinción es importante. Lo ocurrido hasta ahora supera una declaración unilateral de intenciones: el Gobierno canadiense ha acogido formalmente la iniciativa europea y ambas partes han acordado trabajar en la definición de una relación más profunda. Pero todavía no existe un tratado que convierta a Canadá en “miembro asociado”, ni los Estados miembros de la UE han aprobado las condiciones jurídicas de esa figura.
El punto de partida público se produjo el 16 de septiembre, durante el discurso sobre el Estado de la Unión pronunciado por Ursula von der Leyen ante el Parlamento Europeo. La presidenta de la Comisión propuso pasar del actual acuerdo comercial entre ambas partes a una denominada “Alianza para el Futuro”, que abarcaría manufactura avanzada, tecnología, industrias de defensa, Ártico, energía, minerales críticos, baterías, inteligencia artificial, computación cuántica, ciberseguridad y seguridad económica. Al final de ese planteamiento, von der Leyen declaró que quería trabajar con Canadá para “abrir la puerta” a que se convirtiera en el primer miembro asociado de la UE, según consta en el texto oficial del discurso publicado por la Comisión Europea.
La respuesta canadiense llegó inmediatamente. Tras reunirse con von der Leyen en Estrasburgo, el Gobierno de Canadá comunicó oficialmente que el primer ministro Mark Carney había acogido favorablemente la propuesta de avanzar más allá del actual Acuerdo Económico y Comercial Global, conocido como CETA. El comunicado oficial de la Oficina del Primer Ministro de Canadá señaló que ambas partes consideran el proyecto un enfoque nuevo que deberán “definir juntas”.
Un día después, Carney llevó esa aceptación política al Parlamento Europeo. En su discurso oficial del 17 de septiembre, el primer ministro se refirió expresamente a la propuesta de von der Leyen y afirmó que “Canadá acoge esta ambición”. También señaló que la futura alianza deberá ser definida conjuntamente.
Por tanto, ya existe una convergencia política explícita entre la Comisión Europea y el Gobierno canadiense para construir una relación institucional nueva. Lo que todavía no existe es el instrumento jurídico definitivo que determine qué significa exactamente ser “miembro asociado”.
Canadá no se ha convertido en un Estado miembro de la UE
El concepto de “miembro asociado” utilizado por von der Leyen no debe confundirse con la adhesión plena a la Unión Europea.
El procedimiento ordinario de adhesión está regulado por el artículo 49 del Tratado de la Unión Europea, que establece que cualquier “Estado europeo” que cumpla determinados principios puede solicitar convertirse en miembro de la Unión. Ese procedimiento exige, entre otras cosas, unanimidad en el Consejo, consentimiento del Parlamento Europeo y finalmente un acuerdo de adhesión ratificado conforme a los procedimientos constitucionales correspondientes. El texto puede consultarse directamente en EUR-Lex, la base jurídica oficial de la Unión Europea.
Canadá no está siguiendo ese procedimiento y el propio Carney ha dejado claro que su gobierno no está solicitando la membresía plena. Antes incluso del anuncio de von der Leyen, declaró que Canadá buscaba una “alianza única” con Europa, pero no convertirse en un Estado miembro de la UE.
La fórmula que se está estudiando sería, por tanto, diferente.
Una figura que todavía debe construirse
Los tratados europeos sí contienen mecanismos para establecer asociaciones profundas con terceros Estados. El artículo 217 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea permite a la UE celebrar acuerdos de asociación con terceros países que creen derechos y obligaciones recíprocos, acciones comunes y procedimientos específicos. El texto jurídico se encuentra en EUR-Lex.
Sin embargo, no se ha anunciado oficialmente que ese artículo vaya a ser necesariamente la base jurídica de la futura relación con Canadá. Ese punto tendrá que determinarse durante las negociaciones.
Si el resultado fuera jurídicamente un acuerdo de asociación bajo los tratados europeos, el procedimiento tendría un peso institucional considerable. El artículo 218 del Tratado de Funcionamiento de la UE establece que el Consejo debe autorizar la apertura de las negociaciones, aprobar las directrices negociadoras y posteriormente autorizar la firma y conclusión del acuerdo. Los acuerdos de asociación requieren además el consentimiento del Parlamento Europeo y unanimidad en el Consejo, según el procedimiento oficial establecido por el artículo 218.
Esto significa que el apoyo de von der Leyen y Carney es políticamente importante, pero por sí solo no crea el nuevo estatus.
Un proceso que no empieza de cero
La propuesta tampoco surge en un vacío institucional. Canadá y la Unión Europea ya poseen una de las relaciones más desarrolladas que mantiene Bruselas con un país no europeo.
El principal pilar económico es CETA, aplicado provisionalmente desde septiembre de 2017. Según el Servicio Europeo de Acción Exterior, la relación bilateral se apoya también en el Acuerdo de Asociación Estratégica, que amplió la cooperación en política exterior, seguridad, energía, medio ambiente, investigación y otras áreas.
En junio de 2025, Canadá y la UE añadieron otro nivel a esa arquitectura mediante una Asociación de Seguridad y Defensa. El Servicio Europeo de Acción Exterior confirmó su firma el 23 de junio de 2025, creando un marco específico para ampliar la cooperación militar y de seguridad.
El proceso continuó en 2026. Canadá se convirtió en febrero en el primer país no europeo incorporado al mecanismo europeo SAFE, destinado a favorecer inversiones y adquisiciones conjuntas en defensa. El propio Gobierno canadiense describe esta incorporación como otro paso en la integración de las industrias de defensa de ambas partes.
La propuesta de “miembro asociado” puede entenderse, por tanto, no como un acontecimiento aislado, sino como una nueva etapa de un proceso de integración progresiva que ya lleva varios años desarrollándose.
¿Qué podría significar la asociación?
Las declaraciones de ambas partes permiten identificar algunos componentes, aunque todavía no constituyen obligaciones jurídicas.
Carney ha propuesto profundizar la integración en minerales críticos, industrias de defensa, energía, inteligencia artificial, capacidad computacional, espacio y sistemas de pagos. También plantea avanzar hacia un comercio digital prácticamente sin fricciones para numerosos bienes y servicios no agrícolas, así como estudiar una mayor integración de los mercados financieros. Todo ello aparece detallado en el discurso canadiense ante el Parlamento Europeo.
También se plantea una dimensión social. Canadá quiere ampliar la movilidad de jóvenes entre ambos territorios, participar en Erasmus+ y profundizar su incorporación a los programas europeos de investigación, incluido el futuro programa sucesor de Horizon.
La dimensión estratégica es igualmente importante. Von der Leyen ha propuesto convertir el Ártico en uno de los proyectos centrales de la nueva alianza, mientras que Ottawa ofrece recursos energéticos, minerales críticos y su posición geográfica en los océanos Atlántico, Pacífico y Ártico.
Del acuerdo político al acuerdo jurídico
El proceso puede dividirse actualmente en varias fases.
La primera —el lanzamiento político— ya se produjo: la presidenta de la Comisión hizo pública la propuesta y el primer ministro canadiense la aceptó como base para continuar las conversaciones.
La segunda —la definición del contenido— está comenzando. La propia comunicación oficial canadiense reconoce que se trata de una fórmula que Canadá y la UE deberán “definir juntos”. Aún falta determinar cuáles serían los derechos de Canadá, sus obligaciones, su participación en políticas europeas y los límites de esa integración.
Una tercera fase sería la formalización institucional. Dependiendo de la arquitectura jurídica finalmente escogida, intervendrían la Comisión Europea, el Consejo de la UE, el Parlamento Europeo y posiblemente los parlamentos nacionales. Si se utiliza un verdadero acuerdo de asociación conforme a los tratados, la unanimidad del Consejo sería necesaria.
Finalmente tendría que producirse la entrada en vigor, que dependería de la clase de tratado negociado y de los procedimientos de aprobación requeridos.
Octubre, próxima etapa
La siguiente cita institucional de gran importancia será la cumbre Canadá–Unión Europea prevista para los días 29 y 30 de octubre de 2026, que Canadá organizará. La Oficina del Primer Ministro ya la identifica como el próximo gran encuentro bilateral después de las conversaciones mantenidas en Estrasburgo.
Ese encuentro puede permitir comprobar hasta qué punto la expresión “miembro asociado” empieza a transformarse en un proyecto jurídico concreto.
De momento, la situación puede resumirse de una manera precisa: Canadá no se ha adherido a la Unión Europea, pero Canadá y las instituciones europeas sí han iniciado políticamente un proceso para construir una relación de integración más profunda y potencialmente inédita.
La propuesta ya ha sido formulada oficialmente por la presidenta de la Comisión Europea, el Gobierno canadiense la ha acogido y ambos han declarado que definirán conjuntamente su contenido. Lo que falta —y será decisivo— es convertir esa voluntad política en una arquitectura jurídica aceptada por las instituciones y los Estados miembros de la Unión.
Más que una adhesión consumada, se trata de un proceso de asociación en construcción. Su alcance final dependerá de cuánto de la actual cooperación comercial, tecnológica, energética, militar y social estén dispuestos Canadá y la Unión Europea a integrar bajo un marco común.
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- Daniel Mora
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